Opiniones sobre el manifiesto (más una “perla” de “Manoliño” Rivas)
Como continuación de las opiniones suscitadas por el manifiesto por el castellano como lengua común, dejo dos artículos publicados hoy en EL MUNDO y en EL FARO. /( Y hoy 28 de Junio, el inefable Rivas en EL PAIS) Y otro más. Éste de Gamoneda del 30 de Junio en EL PAIS, en el que después de firmar el Manifiesto, deja de considerarlo ”razonable” por cómo lo publicó EL MUNDO y por lo que opina Jimenez Losantos. Ése si que es un argumento “sólido”.
EL MUNDO
PEDRO G. CUARTANGO
Peste liberticida
El nacionalismo en nuestro país está tomando cada vez más una deriva orwelliana, que pretende hacernos creer que lo blanco es negro con total desprecio de la realidad.
Esa ha sido justamente la reacción de la Generalitat de Cataluña ante el manifiesto en defensa del castellano, promovido por un grupo de intelectuales. En lugar de intentar refutar con argumentos sus propuestas, el secretario de Política Lingüística de la Generalitat, Bernat Joan, ha visto «un ataque contra el Estatuto» y «un intento de relegar al catalán a un ámbito puramente folklórico». Joan Ridao, dirigente de ERC, lo calificó de «insulto a la inteligencia» que demuestra que sus promotores «no han salido nunca del microclima castellano».
Difícilmente cabe mayor cinismo en estos planteamientos que, como es habitual en el discurso nacionalista, pretenden convertir la reivindicación de un derecho cívico elemental en un ataque a Cataluña y al catalán.
Por lo visto, exigir que se cumpla el mandato constitucional de poder educar a los hijos en castellano es un insulto. En cambio, imponer el catalán como lengua vehicular, con desprecio a la mitad de la población, es una muestra de pluralismo y democracia. Esto es lo que piensan las cabezas del Gobierno tripartito.
Esta inversión de valores es característica del discurso nacionalista, refugiado en un permanente victimismo para justificar privilegios y atropellos como los que se están cometiendo en Cataluña, el País Vasco, Galicia y Baleares en materia lingüística.
Mi amiga Gloria Lago, impulsora de Galicia Bilingüe, está sufriendo una auténtica campaña de acoso e intimidación por el mero hecho de defender el bilingüismo en esa comunidad. Esta situación la padecen cientos de personas que se han atrevido a enfrentarse a esas políticas de normalización, que no son más que la reactivación de una nueva kulturkampf que no busca el deseable fortalecimiento de los idiomas autonómicos sino la erradicación del castellano.
En un reciente folleto editado por el Gobierno balear, ya se decía muy claro: hay que relegar al español a una lengua que se hable solamente en casa, para lo cual hay que borrar todo signo público de su existencia.
Los mismos argumentos que empleaba el franquismo que prohibía expresarse en catalán son ahora utilizados por gentes como Carod-Rovira, Bargalló y Ridao contra el castellano. E incluso han ido más lejos al crear una policía para penalizar el uso de una lengua que, al parecer, les ofende.
Es evidente que los nacionalistas no tienen ningún escrúpulo en utilizar el idioma para una construcción nacional que es mucho más importante para ellos que los derechos de los individuos. Afortunadamente, la sociedad está reaccionando ante estos intentos totalitarios de modelar las conciencias a través de la lengua, algo muy propio del nazismo, como tan bien analizó Victor Klemperer, que era consciente de que la peste liberticida se propaga a través de la manipulación de las palabras.
Así pues, el primer acto en defensa del castellano es llamarlo español. Los extranjeros vienen a España a cursos de español, y quieren hablar en español, no en castellano. En castellano hablaba el Cid, y pocos más unos años después. Enseguida fue español; mientras que el catalán y el gallego se quedaban en eso: catalán y gallego. En su rabia de perdedores de la Historia pretenden que todos neguemos la evolución del castellano a español, evolución que ellos no tuvieron; es decir, su idioma.
Yo firmaré el manifiesto de defensa del idioma español con mucho gusto. Incluso propongo que la asignatura de la materia que se enseña en las aulas españolas vuelva a llamarse Lengua Española, y Literatura Española. Y no Lengua castellana y Literatura, que es nombre impuesto por los lingüistas de la cosa logrera catalanes, para amenguar el español. Y el PSOE y el PP tragaron con que lo que se estudiaba era castellano y Literatura castellana.
Un manifiesto que llama castellano al español comienza cojo. Rectifiquen. Vale.
MANUEL RIVAS
Lo común
MANUEL RIVAS 28/06/2008. EL PAIS
TRIBUNA: ANTONIO GAMONEDA
El Manifiesto ya no es razonable
Aunque el documento por la lengua común, que reclama reformas para defender el castellano, es razonable en su literalidad, lo han averiado los ideólogos y la política enmascarada
ANTONIO GAMONEDA 30/06/2008
La persistencia de ‘El Mundo’ ¿es o no es una operación ideológica, una maniobra política?
El Mundo, siendo el 26 de junio, dedica el 50% de su primera página al inicio de un artículo cuya negrita titular en cuerpo respetable dice: “Grandes nombres de la cultura se suman al Manifiesto (sic para la eme mayúscula) del castellano”, y, encima de los titulares, va un mosaico de cabezas, cuatro con cuatro, que, visto de izquierda a derecha, otorga el primer lugar a la mía, aun siendo (y esto es referencia al texto que sigue) más “insignes” las cabezas que suceden a la que a mí me concierne. Bien puede tratarse de un sinmotivo, de un casual, pero no sé, no sé…
Comienza la letra normal citando el Manifiesto y diciendo: “A los escritores y académicos que impulsaron la iniciativa junto a Fernando Savater, se sumaron ayer insignes (cursiva mía) nombres como el del poeta Antonio Gamoneda…”. Siguen otros, más claramente insignes, como digo.
Continúa el artículo en la pág. 12, que empieza así: “Asturiano de nacimiento, aunque leonés de adopción, Antonio Gamoneda ha sido reivindicado en diversas ocasiones por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, como su poeta favorito”. Y añade recogiendo correctamente mis palabras: “Me resulta una iniciativa razonable (el manifiesto) siempre que haya también un respeto implícito a las lenguas cooficiales”.
En esta misma pág. 12, con letra grandecita en el subtítulo y negrita en una mancheta amarilla (nadie vea en el dato cromático raras intenciones, que la mancheta es de verdad amarilla), vuelvo a aparecer (otras dos veces, ya digo) encabezando listados.
Retrocedo a la pág. 3 y veo más negrita titular, en articulillo sin firma y con aire de editorial menor. Dice el titular: “El mundo de la cultura defiende el castellano”. Bajo por la columna y leo en Times normal (no estoy seguro; pudiera no ser Times ni normal): “… y escritores de la talla de Delibes, Brines, Pérez Reverte o Gamoneda -este último poeta de cabecera del presidente Zapatero- se suman…”. ¡Vaya por Dios!, ahora el último. ¿A santo de qué? ¿Tendrá que ver esta “santidad” con la presidencia?
Abandono la ironía. Es cierto, yo no se lo he oído pero sí me lo han dicho, que el Sr. Rodríguez Zapatero ha hablado alguna vez de mí con elogio. Tiene mi agradecimiento por ello, pero no a causa de su condición presidencial, sino como lector que me valora.
Por la casual concordancia de los hechos, voy a dejar dicho que, en dos ocasiones (y de una de ellas es testigo el Rey de España), doña Esperanza Aguirre me ha dicho: “¿Sabes que eres el poeta preferido de Aznar?”. Dado que no tengo por qué dudar de la veracidad de doña Esperanza, yo se lo agradezco al Sr. Aznar por idénticas razones que al Sr. Rodríguez Zapatero.
Y, ahora, me pregunto: El Mundo del 26, en sus págs. 1, 12 y 3, ¿estará diciendo “bajo solapa” que incluso alguien -y está claro que “alguien” soy yo- que tiene cierta deuda de gratitud con Zapatero, se ve obligado a mostrarse desafecto con la voluntad política del jefe del Ejecutivo y cabeza del PSOE? Luego, la implícita (“bajo solapa”) explicación (fatalidad lingüística: tengo que concordar lo “implícito” con lo “explícito”): ese “alguien” juzga que, ante la cerrazón democrática presidencial, hasta él tiene que etc.
La conexión reiterada de mi nombre con el del presidente es políticamente tendenciosa, aunque el articulillo de la 3 diga que “… estamos ante una reivindicación transversal (?), en absoluto ideológica”.
La página prosigue afirmando que la ministra de Educación “insistió ayer en cerrar los ojos a la evidencia” y “trató de sacudirse el problema (…) asegurando que el manifiesto puede alimentar ‘una batalla política’. Pero al Gobierno no se le invita a la guerra, sino a que dé la cara (…), y yerra si quiere dar un portazo al clamor social sólo con palabrería”.
Srs. de El Mundo: tienen ustedes el derecho -constitucional, creo- a manifestarse según estos entrecomillados, pero, su caricatura del Ejecutivo, ¿de verdad es (no es) “en absoluto ideológica?”. No hablo del manifiesto sino del uso que Vds. hacen de él.
Ahora, un inciso que, personalmente, me es necesario: yo no estoy contra Vds. Tengo -pero prácticamente no mantengo- algún recuerdo de que acogieron expresiones, insultantes o casi, referidas a mi persona o escritura, pero lo mismo ocurre con el medio que publica este texto y, desde mi carácter y mi lejanía provinciana, ¡pelillos a la mar! Prosigo.
Voy a la pág. 4 y, a la izquierda (es un decir), el texto de “Comentarios liberales” cuelga de unos titulares que dicen: “El simio crítico”. Es la columna del Sr. Jiménez Losantos (apellidos emblemáticos, cierto) que, en un alarde de “humanismo” (¿liberal?), parafrasea un libro de Octavio Paz preguntándose: “¿Respetarían más en Cataluña, Baleares, Galicia o el País Vasco el derecho de los padres a escolarizar en español (sic) a sus hijos si se declaran simios lingüísticos? No tengo duda alguna”. Comentaré esta “perla” en plan suave y abstracto: la “materia política” puede declarar lo que es, en el corte vejatorio de una mueca que se le escapa.
Abajo y a la derecha, El Mundo pone en la página sus titulares a una simple carta al director: “Es el momento de defender el castellano”. (Cursiva mía). En la simple carta al director (sé que el periódico no se responsabiliza etc., aunque las recoja y priorice), se dice: “Ha llegado el momento de luchar”. (Cursiva mía).
Veo El Mundo en el también canicular día 27, y, otra vez en pág. 3, sin firma, tras hablar recio sobre la vicepresidenta De la Vega (insisto: El Mundo tiene derecho a etc.), se dice que “El gobierno tiene dos opciones: seguir fingiendo que el problema no existe o encararlo con medidas concretas”. Y añade: “No desistiremos hasta lograr lo segundo”.
“Desistir” de qué. ¿De una acción “en absoluto ideológica”, expresión, esta, perfeccionada, por la afirmación de que “es evidente que estamos (cursiva mía) ante una reivindicación transversal”, y por brincos conceptuales que, dentro del magma envolvente del manifiesto, resultan prodigiosos? Pienso que lo más prodigioso sería encontrar claridad y no encontrar astucia política en este laberinto sin ventanas visibles (puede que, invisibles, existan) con marco moral y abiertas a la lógica.
La persistencia de El Mundo en mostrar al Gobierno de España como responsable del “problema de las personas”; la persistencia en no contemplar los componentes históricos y culturales, consuetudinarios y heredables, ¿es o no es una operación ideológica y, por tanto, una maniobra política?
En la pág. 4 del mismo día 27, el Sr. J. L., desde su columna y mirando al pasado, se refiere a “lo que me decían entonces Savater, Javier Marías y otras criaturas del aire paisoso” (cursivas mías), reconfortándose, tras dos líneas, con “lo mucho que, afortunadamente, ha cambiado Savater …”, y añadiendo misteriosamente que “el sectarismo progre, base de la legitimación de la política histórica discriminatoria, sigue incólume”. ¿Será pues, pienso, el sectarismo progre y no el Gobierno el responsable del desaguisado?
Pero lo portentoso incompresible es la opinión que sigue a “incólume”: “Peor aún: sigue imperando (el sectarismo progre, está claro) hasta en los manifiestos que combaten esa discriminación”. (Cursiva mía).
Tras otra alusión a los “simios” de difícil interpretación, advierte el Sr. J. L., con desconsuelo, que “La Lengua Común ha sido convertida automáticamente en ‘lengua castellana’ o ‘castellano’. Y no sólo en EL PAÍS, que podría tomarse como arteria para llevar a portada la causa por la que a algunos viene linchándonos la jauría prisaica desde hace décadas”. Y añade: “Hasta los medios más antiprogres han perpetrado ese cambio…”. No tengo clave para este lenguaje; hago las citas a causa, precisamente, del atractivo de su impenetrabilidad. Impenetrabilidad para mí, quiero decir.
Algo más arriba, el Sr. J. L. deja “a otros menos machacados (‘menos machacados’, se supone, que el Sr. J. L.) el estudio de la preponderancia izquierdista y la genuflexión (empiezo a notarme genuflexo, con lo mal que tengo la rodilla derecha) ante la izquierda de los distintos manifiestos en defensa de la libertad lingüística (…), desde el primero, el de los 2.300, hasta este último”. (Cursiva mía).
No entiendo, pero cito porque me resulta hipnótico. ¿Qué mosca me habrá picado?, ¿el tse-tse, creador de sueños amarillos, o la tarántula visionaria, que el propio Kratevas Rizotomo, servidor venéfico de Mitrídates, mantenía en respeto?
Dije y digo que el manifiesto era razonable. En su literalidad lo sigue siendo, pero ya no en sus potencias. Lo ha desconcertado la política enmascarada. Así que, Srs. ideólogos de El Mundo, su Manifiesto ha sufrido seria avería en sus propias manos. Lo siento, pero tengo que rectificar: NO. El manifiesto ya no es razonable.
Antonio Gamoneda es poeta, Premio Cervantes 2006.
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