Las lecciones de los pobres y el Banco Grameen

La pasada  semana se publicó en EL PAIS un artículo de Mario Vargas Llosa titulado “Las  lecciones de los pobres” en el que  trata los casos de cinco personajes o familias de América Latina y África que partiendo  casi de la nada convirtieron sus pequeños negocios en  grandes y solventes empresas.

En el artículo Vargas Llosa afirma, entre otras cosas, que la mejor ayuda que pueden prestar los países desarrollados y los organismos financieros internacionales para combatir la pobreza y el subdesarrollo no son subvenciones ni subsidios, sino crear las condiciones de libertad y competencia que permitan a los pobres trabajar y valerse de sus propios medios para mejorar sus condiciones de vida y progresar. Abrir los mercados que ahora tienen cerrados a los productos que proceden de los países subdesarrollados es la mejor ayuda posible que los países ricos pueden dar para impulsar el desarrollo en África y América Latina.

O sea, que la globalización funcione siempre en las ” dos direcciones”. Y que “nuestros” productos “globalizados” lleguen a esos países, pero  que también, y de modo bidireccional, “sus” productos, igualmente “globalizados”  no tengan trabas arancelarias para llegar hasta nosotros.

También esta  pasada semana ví un reportaje de “En portada” ,en La 2, sobre el Banco Grameen, conocido como  el  banco de los pobres. El Banco Grameen fue fundado por Muhammad Yunus, Premio Nobel de la Paz, en Bangladesh en 1976. Yunus estableció un sistema de microcréditos para gente pobre, basado en un régimen de confianza y en el que no se necesitan avales ni garantías previos.

Los principios económicos en los que basa su actuación Yunus son muy parecidos a los que expone Vargas Llosa en su artículo. El acceso al mercado y la inversión es lo que puede hacer que los pobres rompan el círculo vicioso en el que se encuentran en sus países.

Actualmente el Banco Grameen tiene un total de 2 millones y medio de prestatarios, de los que el 95% son mujeres, con unos créditos cercanos a los 5.000 millones de Euros. Sus actividades se han extendido a 66 países de todo el mundo, entre los que se encuentran tambíen países europeos como Suiza, Noruega o España.

Unos argumentos para reflexionar sobre ciertos clichés de política económica que desde posiciones presuntamente progresistas solemos escuchar.

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3 comments so far

  1. Ramón Ángel on

    Estoy totalmente de acuerdo contigo, Rafa, en posibilitar que los productos de los países subdesarrollados o en vías de desarrollo, dispongan de todas las facilidades para entrar en los mercados occidentales, o denominados “ del primer mundo” ( como odio esta expresión). Pero una cosa son las buenas intenciones y otras aceptar las consecuencias de estas buenas intenciones. Y esas consecuencias afectan y afectaran a los sectores más vulnerables de nuestra economía. A aquellos sectores que no puedan competir en precios con los productos de estos países debido sobre todo a la barata ( cuando no esclava) mano de obra. Es por ello que antes de lanzarse ciegamente a posibilitar la realización de las buenas intenciones, debemos sopesar sus consecuencias inmediatas y sobre todo diversificar nuestra economía de tal manera que la supresión de aranceles en ciertos productos no traiga consigo graves repercusiones. Una cosa esta clara, para que los más pobres dejen de serlo, los más ricos tienen que aceptar serlo menos. Sin embargo podemos encontrarnos con que sean los menos favorecidos de las sociedades desarrolladas quienes sufran las consecuencias, con lo que simplemente estaremos trasladando un problema grave sin solución efectiva.

    ¿ Quién esta dispuesto a perder renta ( sobre todo salarial) para posibilitar la entrada de productos emergentes que compitieran directamente con los autóctonos y así facilitar el aumento del nivel de vida en los países menos desarrollados?. Esto es como la cuestión del medio ambiente. Todo el mundo estamos por cuidar el planeta. Hasta que se nos pide ciertos sacrificios necesarios que menguarían nuestra calidad de vida y nuestra cómoda y desenfadada existencia.

  2. Ramón Ángel on

    Enhorabuena por las 4000 visitas a tu blog

  3. joseluisros on

    Es indudable que la “globalización” es actualmente altamente perjudicial para los países más pobres.

    A mi entender, no lo es sólo porque sea una quimera o una irrealidad utilizada como subterfugio para eliminar las barreras y aranceles a los productos de los países ricos, a la vez que se mantienen por parte de estos las barreras a la entrada de los productos de los países empobrecidos, que también, evidentemente, sino porque, además, es un movimiento que seguirá siendo nocivo aunque todas las barreras, las de unos y las de otros, sean eliminadas.

    Esto es así debido a la disposición que existe actualmente en el mercado mundial. Mientras que existan países que exportan principalmente materias primas y productos con un bajo valor añadido y compran productos elaborados, producidos a veces con los insumos que ellos mismos vendieron, mientras siga existiendo esa descompensación de papeles en el mercado mundial, seguirán habiendo países paupérrimos y otros excesivamente ricos, y, por tanto, desigualdades que atentan contra la “supuesta” igualdad del ser humano.

    Por ello, lo que se debería hacer, además de no permitir que los países ricos pongan y quiten barreras arancelarias a su antojo y conveniencia, es darles a los países subdesarrollados la oportunidad de que se incorporen en al mercado mundial de una forma justa, permitirles no ser unos marginados del proceso productivo mundial, ya que mientras sigan teniendo unas tasas de productividad despreciables y, sobre todo, mucho menores que las de los países ricos, seguirán estando condenados a sufrir su estado actual en el futuro.

    En esta línea, la inversión extranjera es indispensable y propuestas como la del 0´7% y el aumento de la inversión en los países pobres, fundamentales. Aunque haya personas que piensen que dichas medidas son extremas y que el dinero que se emplearía en ellas es necesario para otros fines, hay que pensar que cifras mucho mayores son destinadas al año en el mundo a publicidad, drogas o armamento, y es escandalosa la idea de que si no existiesen cosas tan necesarias como la guerra, las drogas y la publicidad, el dinero que dejaría de emplearse en ellas podría erradicar algo tan poco importante como la pobreza y el hambre en el mundo.


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