Ovejas negras

 

Así, como ovejas negras del “rebaño”, es como los nacionalistas pretenden que se sientan los que no comulgan con su ideario. En “Identidades proscritas”, Juan Pablo Fusi nos habla de las realidades no nacionalistas en las sociedades nacionalistas.

Y nos cuenta, a través de multidud de ejemplos, cómo en esas sociedades han existido siempre sentimientos no nacionalistas tan arraigados y fuertes como los nacionalistas, y a veces más congruentes con la verdad histórica. Esas sociedades se fueron forjando en la historia como sociedades plurales.

Además de hablarnos del Pais Vasco, Juan Pablo Fusi nos acerca los momentos históricos en los que surgieron países o regiones que siempre han sido consideradas como nacionalistas, digamos, monolíticas. Los hechos nos confirman que es un idea bastante desenfocada.

Irlanda, Quebec, Escocia, Israel y Sudafrica son los otros casos analizados. A través del libro vemos cómo el País Vasco es un ejemplo casi perfecto de identidad dividida y de pluralismo político por todos conocido aquí en España. Menos conocidas son las realidades históricas de Irlanda, considerada absolutamente nacionalista, aunque en relidad hubiese y haya una sociedad plural. 

Sirva como ejemplo el hecho de que los más grandes y ensalzados irlandeses no comulgaron con la idea  nacionalista del Estado Libre de Irlanda creado en 1922. Desarrollaron la mayor parte de su vida y de sus obras no en Dublín, sino en el Londres detestado por el nacionalismo irlandés. Oscar Wilde y Geoege Bernard Shaw, ambos angloirlandeses, dominaron el teatro londinense de forma indiscutible. Wilde, además, cursó sus estudios en la inglesa Oxford. A partir de 1910, ninguno de los dos volvió a pisar la isla verde. James Joyce, quizá uno de los irlandeses más universales, abandonó Dublín en 1902 y  tampoco volvió a su tierra natal. Otro tanto podemos afirmar de Samuel Beckett. En fín, la Irlanda como nación sólo católica y gaélica fue un invento, otro más, del nacionalismo radical de fines del siglo XIX.

Algo parecido nos cuenta Fusi de los judios no sionistas, de los sudafricanos no nacionalistas representados por grandes sectores de la sociedad blanca liberal o comunista, de la Escocia izquierdista y obrera de Glasgow y Dundee, auténtico motor escocés a principio del siglo XX. O de Quebec, como una sociedad plural, compleja y no definida por unos determinados elementos distintivos (lengua, religión etnicidad…), sino forjada por la interacción de  muchos factores en la historia y en interdependencia con otras lenguas y otras culturas.

El libro concluye con la idea de que el no nacionalismo es una realidad social y política de extarordinaria significación.  Y existe porque los hombres no necesitan politizar su identidad ( o su etnicidad), como hace el nacionalismo, como una emoción irracional exclusivista y mitificada. Una emoción que resalta los derechos colectivos y la “constrrucción nacional” , mientras que el no nacionalismo afirma, por el contrario, los derechos individuales y ciudadanos y las libertades civiles.

Un libro absolutamente esclarecedor y muy recomendable.

 

 

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