La defensa de la libertad y el periodismo “serio”

 

Dos artículos de Rosa Montero y de Arcadi Espada nos ilustran sobre lo desquiciados que andan la izquierda “oficial” ( de nombre y poco más) y el periodismo más progre.

ROSA MONTERO

Impresionante

No me he repuesto todavía del pasmo de ver al nuevo coordinador general de IU, Cayo Lara, al frente de una manifestación en apoyo al régimen cubano. Escribir es una manera de pensar, y la indignación es una mala consejera a la hora de escribir porque dificulta el raciocinio. Intentaré (será difícil) no indignarme, pero lo que no puedo evitar es una inmensa tristeza. La pena de saber que, una vez más, las víctimas del castrismo están siendo doblemente apaleadas, por un régimen que les priva de todos sus derechos y por unos manifestantes que, siguiendo la vieja práctica totalitaria, se dedican a insultarlas y difamarlas. El desaliento de comprobar hasta qué punto el dogmatismo no sólo ciega a las personas, sino que las envilece, haciéndoles apoyar a los verdugos.

Cuba es una dictadura simple y pura. Sostener otra cosa es no querer informarse. Los datos fiables de la brutalidad del castrismo están al alcance de cualquiera: basta con consultar, por ejemplo, los informes de Amnistía Internacional o de Reporteros Sin Fronteras. Es un país sin libertades en el que una mera crítica al Gobierno puede llevarte a la cárcel. Recordemos que en la primavera negra de 2003 se condenó a 75 disidentes con penas de hasta 28 años de prisión. Decenas de ellos siguen dentro en condiciones terribles. Todo esto es tan obvio y conocido que aburre repetirlo. De hecho, creí que el peso insoslayable de la verdad había terminado por calar en los prejuicios de la gente, y que hoy los partidarios del castrismo ya sólo podían ser o bien parte interesada (funcionarios del régimen), o bien algún nostálgico residual de mollera blindada. Y de repente aparece el líder de IU, una fuerza parlamentaria con casi un millón de votantes, manifestándose a favor del castrismo. Es decir, manifestándose a favor de una dictadura. ¿No es impresionante?

 

Diarios de Arcadi Espada

4 de febrero

Te la colamos, gordito

Un locutor de televisión dice haber engañado a un competidor que se tomó en serio una representación de su mal humor proyectado sobre una becaria. Yo creo que se precipita, porque en realidad aún no ha podido demostrar que el citado competidor se lo haya creído. Al competidor le bastaría con mostrar una supuesta cola ignota del vídeo máster con un cartel que dijera: «Sabemos que, a pesar de las apariencias, no estás representando una farsa, y que, en el fondo, eres así de cabrón. Y hemos pasado una buena tarde divulgándolo.» Es lo que tienen las estupideces, que son como muñecas rusas.

Ahora bien, a las estupideces socialdemócratas las adornan siempre diversas plusvalías. Como al FC Barcelona. Según han informado ellos mismos, los farsantes quisieron hacer pedagogía con el competidor y desmostrar que no verifica sus informaciones. Es tan conmovedor que me mareo. ¿Pero qué es lo que habría de comprobarse? ¿No estaba acaso el locutor maltratando de suboca a una becaria? Para su desgracia, aunque es muy dudoso que los farsantes alcancen a comprenderlo, esa escena ha existido y es veraz. Y por otro lado: ¿acaso la empresa (perfectamente enterada y cómplice de los manejos) no remitía al programa y al propio locutor («esta noche hablará del asunto») como toda explicación? Mucho peor son los buenos sentimientos que exhibieron. En el momento de desvelar la farsa, la locutora del locutor vino a disculparse ante los miles y miles de personas que habían caído en el engaño. No pensamos que iban subirlo a youtube, argumentó con suprema y pálida candidez, como echándole la culpa al competidor. Igual que el bobo de Welles, pidiendo perdón por los muertos que ocasionó su marcianada. ¡Oh, no! Si hubiera sabido que iban a morir…, snif.

Pero entre las plusvalías, despunta la impunidad. ¡Te la colamos gordito!, reventó el locutor de risa. Gordito. Repítanlo, pero será inútil: no oirán el eco indignado. ¡Son socialdemócratas! Ahora piensen en la posibilidad de que el competidor cogiera a una periodista socialdemócrata y la llamara gordita. O bajita. O cardito.  Oh, socialdemócratas, todas las tardes jugando en campo propio. Disculpen, añoro las codas. Esta descripción perfecta de Andrew Anthony, en El desencanto, del tipismo socialdemócrata, esta gente, mon semblable, mon frère: «Me veía a mí mismo como alguien que comprendía el mundo y para mantener esa percepción era indispensable que no intentara comprenderme a mí mismo.»

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1 comment so far

  1. Nacho on

    Hola, suscribo todo lo que dices. Solo un matiz.
    “Y tú más”; ésta es la excusa y toda la racionalidad que nos muestra la casta política para acicalar sus desvaríos.
    En intereconomía tenían que haber contrastado la noticia y si fué así, que lo denuncien.

    ¿Dónde está el periodismo de calidad, la ética profesional y la objetividad?

    Menos mal que están los blogs e internet para encontrar otra cara, más allá de las garras del stablishment. Y me da igual el color, apesta.

    Un saludo.


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