Los regalos

Camps y Fabra

Aunque en los dias que he estado de viaje  sólo tuve acceso a internet en un camping y no  encontré prensa española  más que en Dubrovnik, si tuve noticia del archivo judicial del caso de los trajes de Camps. A la vuelta he encontrado la  interesante reflexión que hizo Arcadi Espada sobre el asunto .

Los límites de la ley

Arcadi Espada

El artículo 426 del Código Penal condena a la autoridad pública que acepte cualquier regalo hecho en razón de su autoridad (”en consideración a su función”), con independencia de que el regalo facilite o no “la consecución de un hecho determinado.” Tanto el juez instructor como los que ahora han exculpado a Camps coinciden en que hay indicios de que los regalos se hicieron y coinciden también en que no fueron hechos a cambio de ninguna decisión de favor que Camps pudiera tomar. El juez instructor distingue entre el hacer regalos a una autoridad en tanto que autoridad y en tanto que hombre a secas; pero concluye que no hay ninguna posibilidad de que a Camps se le regalase por otra razón que la de su cargo. Los jueces del Tribunal Superior de Valencia discrepan, y decisivamente, en este punto: afirman que la expresión del artículo 426 “en consideración a su función” sólo puede entenderse en consideración a la capacidad de tomar o hacer tomar decisiones que beneficiasen a los autores del regalo: y deciden, en consecuencia, que no habiéndose hallado relación de causalidad entre regalo y trato de favor el ajuar le fue dado al amigo y no procede su incriminación. El juez instructor olvidó precisar cómo había llegado a la conclusión de que Camps no era regalado en tanto que amigo sin rango: omisión comprensible porque exige metafísica, pero también muy significativa si se tiene en cuenta que Camps trataba al regalante Pérez de ¡amiguito del alma! Los jueces del Tribunal Superior olvidaron precisar, por su lado, por qué el artículo 426 establece una disyuntiva entre ser regalado en consideración a la función o para la consecución de un acto: si, como sostiene su prosa, la función fuera inseparable del acto, tal disyuntiva sería absurda. El punto de vista del juez instructor permitiría encausar al presidente Zapatero por las anchoas del presidente Revilla, tal como decía la alcaldesa Barberá, a la propia Barberá, si es que le han regalado algún bolso, y a media España. En cuanto al punto de vista del Tribunal Superior de Valencia parece obvio que no puede sustentarse en la actual redacción del artículo 426, lo que no deja de ser jurídicamente preocupante.

Ante semejante panorama hay quien propone que se especifique por ley la cuantía de los regalos que puede recibir un autoridad pública. La misma autoridad que trocea en varias partes de 999 una adjudicación pública para que en ningún caso llegue al 1000 que impediría su adjudicación a dedo. La misma, ella misma, que, en franca consecuencia, recibiría a partir de entonces los regalos (hoy la chaqueta, mañana el pantalón, y el viernes los zapatos), perfectamente troceados y adscritos a su monto legal.

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