Celebración

Artículo de Arcadi Espada sobre la sentencia  del Estatut.

Celebración

Arcadi Espada

El Estatuto de Cataluña sigue siendo un mediocre artefacto jurídico y político y un paso atrás respecto al texto de 1979, pero la intervención de las instituciones españolas ha procurado una nueva mejora. Entre aquel texto cómico que aprobó el Parlamento de Cataluña y este último que viene devuelto después de cuatro años no hay comparación posible. ¡Qué duda cabe que España le sienta bien a la razón catalana, si la hubiera! Las correcciones constitucionales son obvias y plausibles, afecten a la lengua, las cajas de ahorros, el defensor del pueblo o al sistema jurídico. El despropósito en torno a la nación, aunque llamativo, era poco resoluble desde que el Estatuto utilizó el preámbulo para dar la noticia de que Cataluña era una nación.

Lo importante de la sentencia no se vincula con la Nación, sino con el Estado: el Tribunal Constitucional ha impedido que Cataluña se configure como un Estado distinto del español. Una aspiración sobre la que sólo pueden decidir todos los españoles, es decir, el conjunto soberano, como corresponde a cualquier cesión de soberanía.

La sentencia ha tardado demasiado tiempo. El Constitucional debería haber resuelto estas obviedades jurídicas en pocos meses. Sus miembros no han sabido organizar un consenso elemental y es probable que su presidenta haya atendido con excesivo mimo las presiones del Gobierno. Pero la sentencia cumple con su obligación. Su obligación, dicho sea en honor de los tramposos, no era expresar una opinión que pueda ser contrapuesta a la del sagrado pueblo, sino documentar técnicamente un hecho: es decir, si el Estatuto era constitucional. Una cuestión que jamás se le planteó al pueblo, porque el pueblo siempre tiene razón y es tan sabio que delega en otros las preguntas difíciles.
La sentencia es una buena noticia para la democracia española. Lo sorprendente es que no la haya celebrado nadie. No me refiero, ahora, a las reacciones del nacionalismo catalán, encabezadas por su presidente: sólo merecen el desprecio del civilizado. En cuanto a la reacción del Gobierno no cabe otro adjetivo que el de pintoresca: sin saber qué hacer ni qué decir, mandó al ministro Caamaño a contar palabras. Cada vez trabajan menos: antes contaban cuentos. Pero la reacción significativa ha sido la del Partido Popular. La sentencia es su mayor victoria política. Tenían razón: el Estatuto era inconstitucional y hubiera bastado la impugnación de un sólo artículo para dársela. Es un hecho que el gobierno avaló un estatuto inconstitucional y que la oposición, con su recurso, ha actuado como garantía constitucional. Pero no lo celebran. La razón es puramente electoral: temen que la exhibición de la victoria les perjudique. Y eso es lo que ni el más alto Tribunal podrá corregir: que hasta tal punto el idiotismo nacionalista se haya convertido en la premisa de hacer política en España.

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1 comment so far

  1. Manolo on

    Excelente artículo. Y tiene toda la razón: la reacción del PP es lo más pintoresco de todo.


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