Albert Boadella: “Yo he mostrado mis simpatías por Rosa Díez, y hasta el momento la sigo prefiriendo”

Entrevista a Albert  Boadella que hoy publica La Verdad

«Procuro que no aflore el simio que hay en mí cuando alguien me llama fascista o traidor, sin saber ni lo que están diciendo pero diciéndolo con mucha violencia», dice Albert Boadella, director de Els Joglars, excelente compañía que hoy -21.30 horas- abrirá la temporada de otoño del Nuevo Teatro Circo de Cartagena con su último -y esperado- montaje: ‘2036 Omena-G’. Boadella, impagable bufón general del reino, como a él le gusta llamarse, habla en esta entrevista con ‘La Verdad’ de algunos de los -espinosos- temas que aparecen en ‘Dios los cría…’, el disparatado y ameno libro de conversaciones, entre él y Fernando Sánchez-Dragó, que ha editado Planeta.
-Dice usted que debería eliminarse ese principio de uniformidad de «un hombre, un voto», negando con rotundidad que su voto, por ejemplo, valga lo mismo que el de José Montilla…
-…¡claro, no puede ser igual el voto de todas las personas, así no vamos a ninguna parte! Fíjese, ¡Montilla!
-Y, ¿a quiénes se lo negamos? ¿Por dónde empezar?
-Es complicado. Habría que colocar las cosas en su lugar: pensar que la democracia no es un acto de fe eterno, sino que tiene posibilidades de perfeccionamiento y que éstas pasan, creo yo, precisamente por el mérito y la excelencia de la gente. Hay que conseguir que la participación en las cosas comunes, en las que tienen que ver con el Estado, sea una participación por parte de la gente que esté mejor informada y más preparada. Hay millones de personas a las que les importan un comino ‘las cosas comunes’, la democracia, el Estado y todo lo demás, y que con sus votos dan lugar a verdaderas catástrofes. Hay que lograr que votar no sea un derecho absoluto, sino un derecho al que para poder acceder haya que hacer méritos.
-Por ejemplo: tontos no, cretinos no… ¡Imagíneselo!
-Sí, sí, sí, tontos no, cretinos no…; claro que, si seguimos así, ¿quién nos quedaría para poder votar? (Risas). De momento, por ejemplo, que deje de darnos la lata toda esa gente a la que todo le importa un comino. Les gusta ser masa, pues que sean masa, pero que no fastidien al resto de una comunidad que, en principio, quiere progresar en muchas cosas.
-Sánchez-Dragó les prohibiría votar a los que ven «los programas de ‘telecaca’» y «a los que se pasan cinco horas al día viendo partidos de fútbol».
-…(risas). ¡Casi el 90% del país! Bueno, eso son ‘boutades’ que se dicen… Lo que está claro es que el acceso directo del ciudadano a la participación política debería tener filtros vinculados a los méritos. Nos iría mejor.
-También citan en el libro, como legítimos aspirantes a no votar, a quienes ven a Belén Esteban en cualquiera de sus múltiples apariciones estelares. ¡Cuidado Boadella! Estamos hablando nada menos que de la ‘princesa del pueblo’, una ‘princesa’ a la que, precisamente, muchos votarían para que ocupase un alto cargo público.
-Así es. Bueno, la gente está en su derecho de adorar a los fantoches que le dé la gana, pero lo que hay que evitar es que todo eso pueda tener la más mínima consecuencia sobre lo que son las cosas fundamentales de un país. Habría que evitar que toda esa… iba a decir escoria, pero me aguanto y me reprimo…; digamos que… todo ese mundo esperpéntico no puede joder a los demás: a los que han trabajado y trabajan de verdad, a los que tienen una idea de país y de progreso, etcétera. El mundo occidental tiene la posibilidad de refinar más sus formas de democracia; menos vulgaridad, más refinamiento.
-¿Qué hacemos con los políticos tan mediocres que tenemos?
-Ahí tenemos otro grave problema: son un reflejo de la sociedad. Estamos en una sociedad que no tiene auténticos anticuerpos contra la vulgaridad general.
-¿Y con los políticos corruptos dados, para colmo, al pavoneo?
-Estamos en la misma situación: eso forma parte de los ideales de lo que es, en este momento, nuestra sociedad; es decir, se trata de ganar dinero como sea y en la forma que sea. Me gustaría pensar que es el gremio político el que se ha degradado; pero creo que, lamentablemente, es la sociedad la que se ha degradado.
-¿Qué siente viendo a toda esa cantidad de gente que, sin ser los parientes más próximos, les aclaman y arropan cuando son detenidos, salen y entran de prisión, son investigados por la justicia…?
-Dan ganas de llorar. Y, claro, pienso en la posibilidad de volver… ¡a la República Veneciana! Hoy por hoy, con el acceso de todos los ciudadanos a la información, a la cultura y a una cierta igualdad de oportunidades que jamás en la historia había existido, resulta que las personas han llegado a unos niveles de estupidez altísimos; eso te lleva a pensar que hay gente superior y gente inferior; lamentablemente es así.
-A propósito de las leyes antitabaco y de otras también tendentes a proteger nuestra salud, defiende usted que «si el personal se quiere morir antes… es su problema», y que mejor es ir liquidando excedentes de población por su propia voluntad que con las guerras.
-¡Mucho mejor! Es que padecemos una terrible situación: una demografía excesiva por todos lados. Sobramos cientos de millones de personas y hay que ir aligerando pronto. No sé a qué viene esa manía de tratar obsesivamente de que la gente no se muera. Creo que habría que autorizar la venta libre de toda clase de medicamentos y de toda clase de drogas y, por supuesto, que se dejen de cinturones de seguridad y de historias, ¡qué manía! Pensemos que todo eso actuaría como una especie de filtro.
-Es una forma de verlo, sin duda.
-Por otro lado, a mí me parece absurda la enorme cantidad de legislación que tenemos en este país; tenemos un montón de parlamentos, cientos de diputados y otra gran cantidad de senadores; y toda esa gente está dispuesta a legislar, así es que nos machacan a leyes de tal manera que cuando te levantas por la mañana ya has transgredido diez leyes tan sólo por el hecho de levantarte. Esto es una auténtica locura que, además, induce al ciudadano a una especie de irresponsabilidad; es decir, el ciudadano no es responsable, en el fondo, de nada, sólo tiene que atenerse a la ley. Esta inducción a la falta de sentido común es nefasta. Somos carne de multa, expediente y acojono.
-También sostiene que hoy «la ninfomanía es un nuevo protocolo en las relaciones hembra-varón», y lo dice en ese orden de ataque. ¿Esto es positivo o negativo?
-Desde el punto de vista de lo que iríamos a buscar, que sería el placer erótico sexual, es negativo; y es negativo porque el placer tiene que ver, siempre, con la contención, porque si no hay contención eliminas el placer. El ‘sálvese quien pueda’ actual conduce a eliminar el grado de placer, no de cantidad pero sí de calidad.
-Se autoproclama usted macho «en una época de escasez de machos».
-En efecto, hay escasez de hombres que se atrevan a mostrar sus impulsos culturales, ancestrales e incluso reproductivos. El macho está hoy por hoy como acojonado, autorreprimido, no vaya a ser que le llamen machista y no sé qué. Los hombres estamos apagados, sí, sí. Y creo que el aumento importante de homosexualidad que ha habido tiene que ver con la enorme cantidad de población de la que hablábamos antes. Seguramente hay una especie de instinto, que nosotros no dominamos, que hace que ante la gran cantidad de personal existente se reprima la reproducción; y, claro, la mejor manera que hay de reprimir la reproducción es pasar de las hembras y entenderse directamente con los machos.
-¿Sigue siendo España «un país de chapuceros»?
-Un país de chapuceros donde se trabaja fatal, pésimamente, y ese es otro de nuestros problemas y la peor herencia que nos dejó el franquismo. Lo peor que dejaron los años de dictadura fue la frase «ya está bien así».
Volvemos a las andadas
-La envidia, la pereza y la ira son los tres pecados capitales de los españoles, sostiene Dragó. ¿Está de acuerdo?
-Hombre, la ira seguro, porque no hemos parado de guerras civiles. Se muere el dictador, tenemos unos años años más o menos tranquilos y, al cabo de dos días, volvemos a las andadas. Y la pereza y la envidia, pues también, sí. Además, la España de las autonomías, desde luego, no facilita precisamente una idea de solidaridad, de unión, de objetivos comunes, sino que estos objetivos comunes se van triturando cada vez más. Hemos fragmentado todavía más los enfrentamientos entre españoles.
-¿El español sigue siendo «todo aquel que piensa con los huevos y jode con la cabeza», como escuchaba en su juventud, o hemos mejorado algo?
-No, nada. Antes estaba la excusa de una cierta falta de medios para acceder a la información y a la cultura, pero hoy ya no sirve esa excusa y, sin embargo, seguimos en las mismas.
-Cuando afirma usted que «no hay color entre un torero y una de esas putas de lujo del balón», ¿a quién se refiere?
-¡Sólo hay que mirar los fichajes! Me refiero a los que están en la ‘Champions de la pasta’. Un torero es un hombre que tiene una profundidad en su forma de proceder, en la forma como se enfrenta a la vida, y por supuesto que no tiene nada que ver con el chico del balón, que no digo yo que no tenga sus habilidades…; pero, desde luego, entre un torero y un futbolista hay un mundo.
-Tiene tan pésimo concepto de las ministras de Zapatero que llega a decir que «si fuera cuestión de escoger amante en una isla desierta, preferiría antes a Rubalcaba». En fin, usted es libre…
-…(risas). ¡Rubalcaba no deja de ser un duro! Con estas chicas ministras de Zapatero es que no se puede pasar ni un domingo por la tarde con ellas. A mí me da la sensación de que la mujer en la política española, después de las ministras de Zapatero, cogerá un desprestigio total. Se ha rodeado de auténticas niñatas, y no por la edad, sino por la forma como han hecho las cosas y las siguen haciendo. Por lo menos, Rubalcaba es un perverso. No es que me atraiga eróticamente, pero por lo menos es algo. Así es que preferiría a Rubalcaba como amante antes que a cualquiera de las ministras de Zapatero.
-Mucha gente piensa que usted es del PP, cuando lo cierto es que pone a parir tanto al PSOE como al PP. No salva a ninguno.
-A ninguno de los dos, por supuesto. Yo he mostrado mis simpatías por Rosa Díez, y hasta el momento la sigo prefiriendo.
-Frente a Dragó, que en el libro confiesa su absoluta debilidad por las ‘lolitas’ y lo mucho que ha disfrutado sexualmente con ellas aquí y allá, arriba y abajo, del derecho y del revés, usted reivindica «el atractivo irresistible» que muchas mujeres empiezan a tener a partir de los 50 años. Se lo agradecerán.
-Me sucedía ya de joven: me gustaban las mujeres mayores. Yo digo algo que me parece sensato: el cuerpo de una joven, que puede ser muy bello, no deja de ser una cosa poco vivida; puede ser perfecto, exacto, pero tiene una frialdad increíble. En el cuerpo de la mujer con edad está el mapa de la vida: el placer y el sufrimiento, y eso para mí tiene un enorme encanto.
-En ‘Dios los cría…’ se despacha usted a gusto contra el arte contemporáneo, que califica de estafa.
-Es que el arte contemporáneo es una gran estafa, sin duda. Es la mediocridad encumbrada por los magacines culturales y los estamentos oficiales de la cultura. Un engaño para el que el llamado experto es la figura imprescindible para esta, insisto, gran estafa. La mayor parte del llamado arte contemporáneo es la demostración más representativa de la hecatombe económica y social que estamos viviendo; refleja muy bien la enorme distancia entre el valor real de una cosa y su cotización en el mercado. Es un puro negocio.
Anuncios

No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: